FIBROSIS PULMONAR
(Cicatrices que no dejan respirar)

Esta complicación pulmonar es más frecuente y grave de lo que se
cree, pues en alto porcentaje de casos el diagnóstico es erróneo, el
paciente recibe tratamiento inadecuado y poco a poco se acerca a la
muerte.
El tejido llamado intersticio que cubre a los alvéolos (pequeños
sacos de aire) en los pulmones paulatinamente se llenan de cicatrices
(fibrosis), las cuales con el tiempo provocan incapacidad permanente
para llevar a cabo la respiración y transportar oxígeno. Así, tanto
alvéolos, tejido intersticio y vasos capilares de los pulmones son
destruidos con el paso del tiempo.
Los principales factores de riesgo ingresan mediante la respiración, y
entre ellos pueden mencionarse ciertos compuestos contaminantes en el
aire (como el asbesto), humo de cigarro y, de acuerdo a algunas
investigaciones, polvo de excremento de aves. Asimismo, infecciones en
vías respiratorias que han sido mal tratadas, como neumonía (inflamación
excesiva de los pulmones, también llamada pulmonía,) bronquitis
(inflamación de bronquios y bronquiolos) o cáncer propician no sólo la
formación de cicatrices al interior de los pulmones sino también la
sobreproducción de colágeno (fibra que ayuda a dar firmeza a los tejidos
de todo el cuerpo) por causa desconocida.
En México, la fibrosis pulmonar intersticial (denominación
científica) frecuentemente es diagnosticada erróneamente por el médico
general, quien la confunde con tuberculosis (padecimiento cuyo agente
infeccioso es conocido como Mycobacterium tuberculosis o Bacilo de Koch,
el cual puede dañar a pulmones, cerebro o columna vertebral),
bronquitis o gripe, por lo que el padecimiento avanza y acerca al
enfermo poco a poco a la muerte.
Los síntomas más comunes varían en cada individuo, sin embargo, tarde o temprano se presentan:
Dolor en el pecho.
Dificultad para respirar, especialmente cuando se hace esfuerzo.
Cansancio y debilidad.
Pérdida de apetito.
Tos seca que no produce flemas.
Hemorragia (sangrado) en los pulmones.
La condición del afectado puede ser estable durante largos períodos de
tiempo o tornarse más grave repentinamente, al grado que el tejido
pulmonar se hace más denso y se vuelve rígido. Aunque algunos síntomas
mejoran con medicamentos, paulatinamente el esfuerzo para respirar es
cada vez mayor, pudiendo el paciente requerir terapia de oxígeno como
parte de su tratamiento.
Desafortunadamente, en México no existen
estadísticas confiables para este tipo de enfermedades que permitan
conocer la magnitud real del problema; sin embargo, se puede mencionar
que en los últimos 12 años, el Instituto Nacional de Enfermedades
Respiratorias apenas ha diagnosticado 2,465 casos.

¿Cómo se detecta?
Además de examen físico e historia médica completa, el neumólogo puede
solicitar pruebas de funcionamiento pulmonar, las cuales, empleando
aparatos especiales, miden la capacidad de los pulmones para realizar
correctamente el intercambio de oxígeno y de dióxido de carbono (gas de
desecho en el proceso de respiración); entre ellos se encuentran:
Espirometría. Se usa para medir la capacidad de retención de aire por
los pulmones. Se hace soplar al paciente en un tubo conectado a un
aparato especial llamado espirómetro; esta técnica es una de las más
sencillas y frecuentes.
Rayos X. Mediante energía electromagnética se obtienen imágenes de los tejidos internos de los pulmones.
Exámenes de sangre. Para conocer la cantidad de dióxido de carbono y oxígeno en la sangre.
Biopsia pulmonar. Se extrae tejido del pulmón para examinarlo en laboratorio.
Medidor del flujo máximo. Mide la velocidad máxima con que una
persona puede expulsar el aire de los pulmones soplando en un
espirómetro.
Tomografía. Procedimiento de diagnóstico que combina rayos X y
computadoras para obtener imágenes transversales (que se suelen llamar
“rebanadas”) tanto horizontales como verticales del órgano.
Broncoscopio. Examen de los bronquios (principales vías respiratorias
de los pulmones) mediante un tubo flexible (broncoscopio), con el fin
de valorar las obstrucciones y obtener muestras de sangre y/o de
líquido.
El tratamiento específico será indicado por el neumólogo, el cual puede incluir:
Medicamentos por vía oral, incluidos los corticoesteroides (para disminuir la inflamación).
Vacuna contra influenza y neumonía causada por el neumococo.
Suministro de oxígeno.
En casos extremos, trasplante de pulmón.
Aunque este problema de salud puede presentarse a cualquier edad, tiene
mayor frecuencia entre los 40 y 60 años, y prefiere al sexo femenino;
ahora bien, las investigaciones indican que la enfermedad tiene un
promedio de duración de 4 a 5 años, pero hay quienes la han padecido por
más de 15 años; lamentablemente, ante la falta de tratamiento preciso y
oportuno, la imposibilidad de respirar acaba con la vida.
Mucho cuidado.
Como se mencionó líneas arriba, el mayor riesgo de padecer fibrosis
pulmonar lo tienen quienes viven en las grandes ciudades contaminadas,
pero también aquellas personas que fuman, y más quienes inician a edades
tempranas, así como aquellos que conviven con canarios, palomas,
pichones y pericos australianos; se sabe que en un tercio de los casos
ésta es la causa.
Los mismos estudios señalan que convivir con estas aves domésticas es
una práctica muy frecuente en México, y que basta con tener unas pocas
en casa para padecer la enfermedad, pues su excremento contiene
compuestos volátiles que se alojan a través de la respiración en los
pulmones y forman fibrosis. Tomemos las medidas pertinentes y hagamos
conciencia sobre los riesgos entre nuestros seres queridos, pues la
ciencia tiene una cuenta pendiente con la fibrosis pulmonar.
Autor: “Dra. Angélica Cárdenas” |
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